Comuna Visión de Líder
Por Angel Pablo Reyes S.
La delegada regional de la Secretaría de Bienestar, Estefani Galassi Gómez, pide “no politizar la detención de su hermano”, pero al pedir eso insultar a los ciudadanos y piensa que todos se han olvidado que son los vínculos familiares lo que la llevaron al cargo que hoy ostenta.
Más allá de un trabajo de “territorio”, precisamente fue el parentesco con el ex Alcalde Leobardo Gómez González, quien traicionó las filas del PRD luego de asumir la Presidencia Municipal de Tihuatlán, lo que la llevó primero a ganar como Delegada Distrital de MORENA en julio de 2022 y posteriormente el 2 de abril de 2025, ante la destitución de Idania Magaña por su cercanía con Emilio Olvera, fue incrustada en la Delegación de Bienestar en Poza Rica.

Bueno es recordarle que cuando los vínculos familiares pesan más que los resultados, la política deja de ser un ejercicio de servicio público para convertirse en un sistema de favores.
El caso de Estefani Galassi Gómez, no solo exhibe esa lógica, la confirma. Su llegada a la escena política no fue por mérito técnico o trayectoria propia, sino por una extensión de acuerdos, lealtades y vínculos familiares.
Pero el problema no se agota en el origen. Se agrava con los resultados —o la ausencia de ellos—. En una región con profundas necesidades sociales, la operación de los programas de bienestar exige presencia, eficacia y cercanía.
El respecto, Galassi Gómez ha desarrollado una gestión opaca, sin impacto claro y desconectada de la realidad que debería atender.
Hoy, esa fragilidad de su desempeño queda aún más expuesta y la situación legal de su hermano, presuntamente vinculado a la delincuencia, agrava más el cuestionamiento de su permanencia en el cargo, porque a pesar de que el hecho, jurídicamente es ajeno, políticamente es imposible de aislar.
Por ello, el posicionamiento de Estefani Galassi Gómez, que no transmite firmeza ni claridad, sino pretende contener lo inevitable. No responde al fondo del problema, lo rodea. No conecta con la exigencia ciudadana, la esquiva. Y en política, cuando se intenta “minimizar” una crisis, lo que se consigue es amplificarla.
Aquí no se trata de responsabilizarla por actos ajenos. Se trata de entender que el poder no es solo una función administrativa, es también un símbolo. Y cuando ese símbolo se construye sobre vínculos familiares y no sobre resultados, cualquier sacudida “personal” se convierte en un problema público, imposible de sostener.
Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿debe la morenista separarse del cargo por la detención de su hermano?
La respuesta legal, más no política, es clara: NO. Nadie puede ser «juzgado jurídicamente» por los actos de un familiar.
Sin embargo, la política no se sostiene solo en la ley, sino en la confianza. Y cuando esa confianza se pone en duda, cuando la percepción de cercanía, influencia o falta de resultados pesa más que cualquier argumento jurídico, la permanencia deja de ser un derecho y se convierte en un riesgo.
Jurídicamente no está imposibilitada para seguir en el cargo, pero políticamente es insostenible. Su legitimidad para continuar se esfuma, porque en el servicio público, no basta con ser legal, hay que ser creíble.
Con la permanencia de Estefani como servidora pública, MORENA enfrenta así una de sus contradicciones más visibles: predicar una transformación profunda mientras reproduce viejas prácticas de protección que reviven el pasado.
Es ahí donde su discurso se desgasta, donde las promesas pierden fuerza y donde la llamada transformación comienza a parecerse peligrosamente a lo que tanto juró erradicar.
Esto se suma al caso Adán Augusto y su Secretario de Seguridad cuando fue gobernador, Hernán Bermúdez Requena, cuya permanencia en el cargo de Senador y la protección politica de la cúpula morenista, ha tenido un costo político para el partido en el poder.
Porque cuando los cargos se perciben como cuotas y no como responsabilidades ganadas, la credibilidad de la población se erosiona, poco a poco, pero de forma constante. Y si no le ha bastado a MORENA la debacle electoral en Veracruz del 2025, a ver cómo les va en el 2027.




