>> Emmanuel Román Cerón Montiel, uno de los principales responsables de los servicios de salud deficientes para más de 20 petroleros y derechohabientes.
Redacción Libertad
Poza Rica, Ver.— La reciente ola de manifestaciones en el Hospital Regional de Petróleos Mexicanos en Poza Rica no solo evidenció el colapso del sistema de salud para miles de derechohabientes, sino que volvió a poner en el centro del debate la cuestionada permanencia del director Emmanuel Román Cerón Montiel, pese a años de denuncias, protestas y exigencias de destitución.
Durante al menos cuatro años, trabajadores activos, jubilados y familiares han señalado de manera reiterada las condiciones críticas del hospital: falta de medicamentos, escasez de especialistas, cancelación de tratamientos, infraestructura deteriorada y áreas sin aire acondicionado incluso en temporadas de calor extremo.
A pesar de este panorama, la continuidad del director en el cargo generó inconformidad creciente, al considerarse una señal de omisión institucional frente a una crisis documentada.
Las protestas recientes marcaron un punto de quiebre. Con un contingente numeroso, particularmente de jubilados que, pese a su edad, se manifestaron bajo temperaturas sofocantes, los inconformes no solo exigieron mejoras, sino que encararon directamente al responsable de la administración hospitalaria. La escena fue contundente: derechohabientes reclamando condiciones dignas en un sistema que, aseguran, ha sido rebasado por la negligencia y la falta de respuesta.
El historial del director tampoco ha estado exento de controversia. A lo largo de su gestión circularon versiones de destitución, intentos de remoción y presiones políticas que nunca se concretaron de forma definitiva, lo que alimentó la percepción de una permanencia sostenida más por decisiones administrativas que por resultados. Esta continuidad, lejos de generar estabilidad, profundizó el descontento entre los usuarios del servicio médico.
El problema de fondo es estructural. Más de 20 mil derechohabientes —entre trabajadores, jubilados y sus familias— dependen de este hospital, que hoy enfrenta una crisis que rebasa lo operativo y entra en el terreno de lo humano. Pacientes sin atención oportuna, traslados forzados a otras ciudades y tratamientos interrumpidos reflejan un sistema que ha dejado de cumplir su función esencial.
La salida del director, exigida en múltiples ocasiones, fue vista por los manifestantes no como un fin, sino como un paso necesario para reconstruir la confianza y replantear el funcionamiento del hospital. Sin embargo, la pregunta que queda en el aire es inevitable: ¿por qué se permitió que la crisis escalara durante tanto tiempo sin una intervención efectiva?
Hoy, el caso del Hospital Regional de Pemex en Poza Rica se convierte en un símbolo de los retos que enfrenta el sistema de salud petrolero en el país, donde la presión social terminó por exhibir lo que durante años fue denunciado sin respuesta: un modelo rebasado, sostenido en decisiones tardías y en una administración severamente cuestionada.




