>> Mientras en el concierto chorreó el alcohol, agresiones sexistas y hasta conatos de pleitos, niegan el acceso a las luchas de un menor de edad por traer su termo para hidratarse.
Papantla, Ver. – Una vez más, el gobierno municipal de Papantla da muestra de su incoherencia y falta de sentido común. Durante las funciones de lucha libre en el campo Anáhuac, se prohibió el ingreso de un simple bote de agua perteneciente a un niño, con el argumento absurdo de que se trataba de “un objeto peligroso”.
La decisión, tomada por personal encargado del acceso, evidencia una política irracional y mal aplicada en los eventos masivos. Porque mientras se le niega el paso a una familia que lleva agua para hidratarse, se permite sin problema la venta y el consumo de cervezas, botellas de vidrio y otros productos que sí representan riesgos reales.
Lo verdaderamente peligroso ocurrió el pasado domingo, cuando más de 15 mil personas abarrotaron el recinto sin las mínimas medidas de protección civil. Hubo empujones, conatos de bronca, golpes e incluso descontrol entre asistentes, sin que autoridad alguna interviniera. Pero eso sí, el gobierno municipal prefirió presumir la “histórica asistencia” en sus redes sociales, ignorando los incidentes como si no existieran.
Este hecho no es aislado. Refleja el profundo deterioro de la Feria de Papantla, que ha dejado de ser un espacio cultural y familiar para convertirse en un evento mal organizado, caro, riesgoso y sin transparencia.
Los Juegos Florales, antaño uno de los orgullos culturales de la región, han desaparecido. Los artistas de calidad ya no llegan. La cancelación de Caifanes de último minuto fue un golpe más al desprestigio del evento. Los juegos mecánicos tienen precios elevados, los espacios comerciales se rentan a precios exorbitantes, y el impacto en el bolsillo de los visitantes se refleja en productos más caros.
Además, no se rinden cuentas claras sobre los ingresos que genera la feria. No hay corte de caja público, ni informe transparente de lo que se recaudó, ni a dónde se destina.
Mientras tanto, problemas mucho más graves como la inseguridad, la falta de atención médica, la carencia de apoyos educativos, culturales y deportivos siguen siendo ignorados por las autoridades municipales. ¿Cómo esperar coherencia en estos temas, si ni siquiera pueden actuar con lógica en un evento infantil?
Prohibir un bote de agua mientras se permite la entrada de violencia, alcohol y desorganización es más que una contradicción: es una muestra del desgobierno, la simulación y el abandono institucional que hoy marca a Papantla.
La ciudadanía merece algo mejor. Merece una feria digna, autoridades responsables y un gobierno que escuche, no que reprima. Porque cuidar a un niño con su agua no es peligroso. Peligroso es el silencio oficial ante el caos.



